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Monday, November 30, 2015

A long and winding road

(En español más abajo)
 
CanadaIt’s been a month and a day since my surgery, and though my recovery has been pretty good, there are still some bumps in the road and they tend to be very painful. I sometimes fail to remember how small my new stomach is and how the littlest distraction can result in a whole day of intense pain.
 
Take last Monday, for example. I had to drive Santi back home in the evening; I had made him stay an extra day because the weather was really bad on Sunday so I didn’t want him on the road, which caused him to miss his ride back. Right before we left the house, I filled my water bottle and took a gulp. A gulp, not a sip, but not even a big gulp. I was not paying attention, and I paid for it.
 
The pain came almost immediately. I somehow made it to the 401 highway but the discomfort was really bad already. I drove for about 30 minutes and then we stopped at the service area, hoping that taking a break and walking around would help somehow. It did not. We resumed our trip, but I asked Santi to drive instead. About 15 minutes later, I had to ask him to pull over. I got out of the car and puked… water, because that was all I had in my stomach at that moment. Like it happens almost every time, I began to feel better right after I did, but I still asked Santi to drive and I didn’t get back behind the wheel until we crossed the border. It was water, man… I was not really looking forward to last Thursday, which was the day I was going to be able to eat solid food again, after 45 days if you count the two weeks leading to the surgery.
 
Thursday went fine, though, because I only had mashed potatoes and things like that. On Friday night, we actually went out for dinner to celebrate Juan’s birthday and I found amusing to have to order off the kids menu. I had two shrimp skewers (six small shrimps in total) and a tiny bowl of baked beans (proteins are good for me!). I ate 4 of the shrimps and about half the beans before my stomach began to tell me it was time to stop.
 
Last night we had a little more elaborated dinner. Gaby made chicken breast with red lentils and some chickpea-based Indian sauce (and it was yummy!) and some chili, which I of course did not touch because it’s not recommended for me to have red meats yet. Both Santi’s and Juan’s girlfriends were at the table so the eight of us were talking while we were eating. I had the tiniest portion, but again, I was not paying attention. I did not chew the chicken enough times and I could not even finish whatever little food I had on my dessert plate. I had to excuse myself and go to the washroom, once again in a LOT of pain. This time I ended vomiting three times, and the pain did not stop after a good hour later. It was another painful reminder of how much I still need to learn about this.
 
There are little lessons and painful reminders everywhere: If I don’t drink water constantly, I will dehydrate. But I cannot drink like a glass of water; I need to take little sips here and there the whole day. And I better start paying more attention at how much food I put in my mouth and how many times I chew it before I swallow. I had the same food as last night for lunch today: about 50 gr of chicken breast and another 150 gr of pureed red lentils. This time I did things right: it took me a good half an hour, maybe 45 minutes to go through it, but I finished my food for the first time, and almost with no pain.
 
I have lost a lot of weight already (you can check my progress at the very bottom of this page). I am pretty sure I have gone through the 40 lb barrier already. But this is not easy. Many people consider this surgery (out of ignorance, I suppose) an ‘easy fix’, but believe me, it is not. If anything, like I said before, this is a ‘last resort’ kind of deal. It’s paying off for me, but there is a loooooong way ahead for me. And the changes I had to make to my diet and my habits are permanent. It’s probably not a good comparison, but I will go ahead with it anyway: fifteen years ago, I came here with my family, thinking about my kids’ future and our lives changed forever. Now it’s my life what has changed forever (again) but this time I’m doing this for my own future. It looks like I have one after all.
 
 
Argentina
Ya ha pasado un mes y un día desde mi cirugía, y si bien mi recuperación ha sido muy buena, sigue habiendo algunos tropezones en el camino que pueden ser muy dolorosos. A veces no pienso en lo chiquito que es mi nuevo estómago y la más pequeña distracción puede tener resultados feos y que me llevan un día o más sobrellevar.
 
El lunes pasado, por ejemplo, tenía que llevar a Santi a su casa en la noche; lo había hecho quedarse un día más porque el tiempo estaba muy feo el domingo y no quería que saliera a la ruta, lo que causó que no pudiera volver con sus amigos. Justo antes de salir de casa, llené mi botella de agua y me tomé un trago. Un trago, no un sorbito, pero ni siquiera fue un trago grande. No estaba prestando atención y pagué por ello.
 
El dolor vino casi inmediatamente. De alguna manera llegué hasta la autopista 401 pero ya me sentía muy mal. Manejé una media hora y luego paramos en un área de servicios, con la esperanza de que tomar un descanso y caminar un poco me ayudara. No me ayudó. Volvimos a la ruta, pero le pedí a Santi que manejara. A los 15 minutos le tuve que pedir que saliera del camino. Salté del auto y vomité… agua, porque era todo lo que tenía en mi estómago en ese momento. Como pasa casi siempre, me empecé a sentir mejor luego de ese momento, pero igual le pedí a Santi que siguiera manejando y yo no me puse detrás del volante hasta después de haber cruzado la fronter. Era agua, man… el agua me causó eso. No estaba muy entusiasmado con la idea de volver a comer sólidos a partir del jueves pasado, luego de 45 días de no haberlo hecho, si uno cuenta las dos semanas antes de la cirugía.
 
El jueves todo salió bien, sin embargo, pero sólo comí puré de papas y cosas así. El viernes a la noche salimos a cenar afuera para festejar el cumpleaños de Juan y me pareció divertido tener que pedir mi comida del menú infantil. Me pedí dos brochettes chiquitas de camarones al grill (tres camarones en cada palito) y un plato chiquito de porotos (alubias) cocidas (las proteínas son mis amigas ahora!). Comí sólo cuatro de los camarones y la mitad de los porotos antes de que mi estómago me dijera que era suficiente.
 
Anoche tuvimos una cena más elaborada. Gaby preparó unas pechugas de pollo con lentejas rojas y una salsa india con garbanzos (que estaba riquísima!) y también hizo chili, el que por supuesto no toqué porque no tengo recomendado comer carnes rojas por seis meses. Estaban de visitas tanto la novia de Santi como la de Juan, así que éramos ocho a la mesa, todos charlando y riéndonos mientras comíamos. Tenía una porción bien chiquitita de comida, pero de nuevo, no estaba prestando atención. No mastiqué el pollo lo suficiente y no pude siquiera terminar la poca comida que tenía en mi plato de postre. Tuve que levantarme enseguida e ir al baño, nuevamente con un dolor increíble. Esta vez vomité tres veces, pero el dolor no paró hasta más de una hora más tarde. Fue otro recordatorio bien doloroso de cuánto tengo que aprender sobre esto todavía.
 
Hay pequeñas enseñanzas y dolorosos recuerdos por todos lados: si no tomo agua todo el tiempo, me deshidrato. Pero no puedo tomarme un vaso de agua; tengo que tomar sorbitos todo el tiempo durante el día. Y más me vale que empiece a prestar más atención a la cantidad de comida que me pongo en la boca y cuántas veces la mastico antes de tragar. Hoy almorcé lo mismo que había cenado –o intentado cenar- ayer, porque soy un cabezón: comí unos 50 gr de pechuga de pollo y otros 150 gr de lentejas rojas hechas puré. Esta vez hice todo bien: me tomé no menos de media hora, tal vez 45 minutos para comer todo, pero por primera vez limpié el plato, y esta vez casi sin dolor.
 
He bajado muchísimo peso ya (pueden chequear mi progreso al pie de está página). Estoy seguro de que ya pasé la marca de las 40 libras (18 kg). Pero esto no es fácil. Mucha gente considera esta cirugía (tal vez desde la ignorancia) como una ‘solución rápida’, pero no lo es, créanme. En todo caso, y como dije antes, es una ‘última oportunidad’. Está resultando genial para mí, pero me queda un camino muuuuuuuuuuuuy largo para recorrer. Y los cambios que he tenido que hacer a mi dieta y hábitos son permanentes. Tal vez la comparación es medio agarrada de los pelos, pero igual la voy a hacer: hace quince años, me traje a mi familia aquí, pensando en el futuro de mis hijos, y nuestras vidas cambiaron para siempre. Hoy es mi vida la que nuevamente ha cambiado para siempre, pero esta vez lo que hago lo estoy haciendo por mi propio futuro. Cada vez parece más evidente que sí tengo uno.
 
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