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Friday, June 24, 2011

Embarrassing moments – #40

(En español más abajo) 
 

Embarrassing moments
 
CanadaI have always loved to play soccer, and though I believe I understand and know about the game enough to be able to be a good coach, I have always suffered from the same problem: my rebellious feet, who would almost always refuse to do what my brain is telling them. This difficult relationship between the two ends of my XXL body got better with the years, but as a kid and a teenager, they definitely didn’t get along. Let’s put it this way: I was a horrible player.
 
I remember a day when I was in Grade 5, when I scored a goal during gym class, and the keeper of the other team (I still remember, Matías!) left the game crying, so humiliated he was… As a teenager, I would settle for a defender position (normally, left back) both at school and when playing with friends, for two main reasons: because I would be less in contact with the ball (and that was a good thing), and because… nobody wanted to play in defense, so that would guarantee me some playing time! Smile
 
But there was this game for the high school tournament in which I played as a forward for whatever reason, and I wasn’t doing that bad. Well, at least for what was expected from me. Half way into the game, and with the score still 0-0, our midfield send a long ball for me to chase. The ball was bouncing low towards the box, and the defense had been caught off guard, so it ended being me against the keeper going for that ball.
 
The opponent’s team goalie (Mario, he was really good) quickly came out of the box and cleared the ball with a furious kick. I did what every self-loving forward would do: I jumped in front of him trying to block the shot with my body, in a desperate attempt to gain possession.
 
In my rush, I didn’t remember to jump and turn at the same time, so the ball would hit me in my back or places South. Instead, I jumped facing the keeper… and you have already guess what happened.
 
The ball hit me right in the middle of my groin with unusual strength, and bounced easily into the goal. Mario couldn’t believe his eyes, and my teammates ran towards me to celebrate the goal.
 
They had to wait until I regained conscience, though…
 
 
Argentina
Siempre me ha gustado jugar al fútbol, y si bien creo que entiendo y conozco del juego lo suficiente como para ser un buen coach, he sufrido siempre del mismo problema: mis pies rebeldes, que casi siempre se niegan a hacer lo que mi cerebro les ordena. Esta dificultosa relación entre los dos extremos de mi cuerpo talle XXL mejoró con el transcurso de los anos, pero de niño y de adolescente, definitivamente no se llevan bien. Pongámoslo de esta manera: era un jugador horrible.
 
Recuerdo una vez cuando estaba en Quinto Grado, en que hice un gol durante la clase de gimnasia y el arquero del otro equipo (aún lo recuerdo, Matías!) se fue llorando, de lo humillado que estaba… De adolescente, me conformaba con jugar de defensor (por lo general, jugaba por la izquierda), ya sea en la escuela o jugando con mis amigos, por dos razones principales: porque de esa manera estaba en menos contacto con la pelota (lo que era una buena noticia), y porque… nadie quería jugar de defensor, así que esto me garantizaba minutos en la cancha! Smile
 
Pero para este partido en particular del torneo de mi escuela, me tocó jugar como delantero por algún motivo, y no lo estaba haciendo mal. Bueno, al menos para lo que se esperaba de mí. Promediando el partido, y con el score aún 0-0, nuestro mediocampo envió un pelotazo largo para que lo persiguiera. La pelota fue rebotando en dirección al area y con la defensa descuidad, terminó siendo un mano a mano con el arquero.
 
El guardametas contrario (Mario, un arquero muy bueno) salió a toda velocidad del area y despejó el balón con un furibundo shot. Yo hice lo que cualquier delantero que se precie de sí mismo haría: salté en frente de él con la intención de bloquear el tiro con mi cuerpo, en un desesperado intento de ganar la posesión del esférico.
 
En mi apuro, no recordé que debía saltar y girar al mismo tiempo, así la pelota me pegaba en mi espalda o más al Sur. En cambio, salté de frente al arquero… y ustedes seguramente adivinaron lo que pasó.
 
La pelota me impactó de lleno, con inusual fuerza, en medio de mi bajo vientre, y se introdujo mansamente en el arco. Mario no podía creer lo que veía, y mis compañeros salieron corriendo hacia mí para celebrar el gol.
 
Tuvieron que esperar a que yo recobrara el sentido…
 
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3 comments:

  1. Visto de alguna manera, hiciste un gol con una parte del cuerpo con la cual Palermo probablemente no hizo!
    Punto a favor.

    Entonces, los chicos a quien salieron? jajaja

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  2. A mí seguramente que no!!! :-)

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  3. No pasa nada tri, tri.
    Media hora sentado en la palangana llena de hielo y no quedan rastros.

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