Difícil de creer que una playa de surf en California pueda estar tan vacía en pleno verano. Sin embargo hay razones; mañana les cuento más!
| Reactions: |

I was about five, six years old when we were living in the old house on 70 street in my hometown Necochea. I loved that place, and I still remember every detail of it, including the furniture.
One of the best things my house had was that it was pretty much around the corner from my school (my beloved Institute Humboldt). I would only need to walk three blocks to get there, and with the little traffic we had in my neighbourhood, crossing the street was not difficult or dangerous, even for a six year old boy.
But there were other dangers.
Just half a block away from the school, there was a family (the Marquez) who had three kids who were pretty much our age. For whatever reason, these kids hated both me and my brother. And they would show that by beating me up every time the saw me. That would cause me to take longer, more complicated walks to and from school... But I couldn't avoid them all the time, Necochea was still a small town back then.
I never understood why they hated us with such intensity, I don't think we had never done anything to provoke them. The interesting thing, and this might be why this qualifies as a Silly Monkey story, is that not only these kids were slightly younger than me (and thus much younger than my brother), but they were also smaller in size. But we were such cowards, that we wouldn't dare to put an end to such ridiculous bullying.
Even worse, we would meet these kids at the local theatre on Sundays, where we used to go along with my cousins (both older than me). That would be a 4 versus 3 scenario and we would still froze in their presence. They would insult us, throw stuff at us and even put chewing gum in our hair, and we would just take it. Why we never stood for ourselves, I would never know. But I do remember that we were quite dumb.
Last year I wrote about my daughter Carolina being bullied and how she had put an end to the situation by confronting the three stupid boys face to face. I guess she has more courage on the nail of her pinkie toe than the four of us put together.
Una de las mejores ventajas de vivir allí era la cercanía con mi escuela (mi querido Instituto Humboldt), estaba casi ‘a la vuelta’. Sólo tenía que caminar tres cuadras para llegar, y con el poco tráfico que había en mi vencindario, cruzar la calle no era ni difícil ni muy peligroso, ni siquiera para un chico de seis años.
Pero había otros peligros.
A sólo media cuadra de la escuela vivía una familia (los Márquez) que tenían tres chicos que eran más o menos de nuestra edad. Por la razón que fuere, esos chicos nos odiaban tanto a mí como a mi hermano. Me lo hacían saber ‘fajándome’ cada vez que me tenían a mano. Eso causaba que yo eligiera rutas más largas y complicadas para ir y volver de la escuela… pero no podía evitarlos todo el tiempo, Necochea era todavía un pueblo chico.
Nunca entendí por qué nos despreciaban con tal intensidad, ni creí haber hecho nada para haberlos provocado. Lo interesante, y ésta debe ser la razón por la cual puedo poner esta historia entre mis posts de ‘Silly Monkey Stories’, es que no sólo estos chicos eran más chicos que yo (y por ende que mi hermano) de edad, sino que también eran bien chiquitos de tamaño. Pero nosotros éramos tan cagones enemigos de la violencia que no nos animamos nunca a ponerle un fin a tan ridículo caso de ‘bullying’.
Peor aún era cuando nos encontrábamos con estos chicos en el cinle local los domingos, cuando íbamos con nuestros primos (ambos mayores que yo). En este caso, éramos 4 vs 3 y de todos modos nos congelábamos en su presencia. Ellos nos insultaban, nos tiraban cosas y hasta nos ponían chicles en el pelo, y nosotros ni pío. Por qué nunca nos defendimos como corresponde, nunca lo sabré. Pero sí recuerdo que éramos banstante pavotes, eso tiene que haber influido.
El año pasado yo había escrito sobre mi hija Carolina, de cómo ella también había sido la víctima de tres o cuatro bullies, y de cómo ella solita había puesto un fin al asunto enfrentándose a los pequeños idiotas cara a cara. Se ve que mi chica tiene más huev coraje en la uña de su dedo meñique del pie que el que mi hermano, mis primos y yo teníamos, todos juntos, hace unos 40 años…
| Reactions: |
| Reactions: |


| Reactions: |
Santi ha agregado un par más de cualidades a las que tenía, y esto sí que es algo que lo puso en un nivel por encima del resto. Y yo no podría estar más orgulloso, porque no sólo todo esto fue idea exclusivamente suya, sino que también muestra qué gran chico que es.
Como todos los años, y como consecuencia de sus buenas performances, fue llamado a jugar para los equipos 'más viejos'. Sólo puede jugar cuatro partidos como 'call-up' por temporada, y ya ha usado tres de ellos, todos jugando para el equipo de Robert (aquél a quien Juan aún llama 'mi coach' a pesar de que ya han pasado ocho años desde la última vez que lo dirigió...)
El jueves yo venía manejando por la ruta I-75, camino a South Carolina, cuando recibí un mensaje de Santi pidiéndome el e-mail de Robert. Se lo pasé y me quedé pensando para qué lo podría necesitar.
Me enteré esa misma noche. Le había enviado un e-mail a Robert agradeciéndole por haber pensado en él, mencionando lo cómodo que tanto Rob como los chicos del equipo lo habían hecho sentir. Le expresó lo mucho que apreciaba la capacidad docente de Robert y su liderazgo y culminó comentando lo beneficial que haber jugado con su equipo había resultado ser para su capacidad y su confianza. Lo mismo aplicaba para Justin, otro chico del equipo que mejoró sustancialmente luego de jugar para Robert.
Increíble despliegue de clase. Como manager, yo he traído decenas de jugadores en los últimos cinco años, de distinto equipos. Más que un 'gracias' al pasar de los chicos y algún comentario de un padre por ahí no he obtenido. Jamás recibí un e-mail como el que Santi envió, y francamente, jamás hubiera esperado recibir uno.
Lo que hizo Santi me dio muchísimo orgullo. No sólo mostró qué gran chico que es, sino que también demostró que al menos una vez me escuchó en estos últimos años. "Siempre hay que ser agradecido por las oportunidades que se te brindan y la ayuda recibida", le digo constantemente. Fue muy reconfortante ver cómo Santi puso en práctica lo que tal vez sea la mejor enseñanza (será la única?) que su viejo le haya podido dar.
Será cuestión de que tenga ese e-mail a mano la próxima vez que me cuestione si realmente estoy haciendo un buen trabajo educando a mis hijos…
| Reactions: |
| Reactions: |