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Saturday, November 14, 2009

The girl with the yellow flip flops

Canada

It happened a week ago, as me and my brother Martin were travelling on the 'subte' (Buenos Aires' metro). As we were approaching Diagonal Norte station, a very young girl started to walk around giving religious stamps to the passengers.

I looked at her, and my heart sank: she was probably 5, maybe 6 years old, same as my daughter Florencia. Her hair was a mess, and though her clothes seemed to be in fair conditions, her face and legs were unbelievably dirty. But the most intriguing part were the bright yellow flip flops she was wearing: they were immaculate. I didn't even want to think about how that could have been possible.

A few minutes passed and the little girl walked around our car picking up the stamps; I couldn’t find anybody who had actually given her any money. Even worse, I couldn’t find anybody even looking at the girl. I just couldn’t move or say anything, so many thoughts going through my head: “Should I give her money? But how can I tell it’s going to be for her, there must be somebody hiding somewhere who will take all of her money! And what if I invited her to eat something? People will think I’m some kind of a pervert! What can I do?”

Needless to say, the poor little girl left even before I could think of anything I could do. And that left me almost in tears; I had forgotten that Argentina is that special case: one of the richest countries in the world where kids still die of hunger. The thought of a five year old having to do this for a living at 9:00 PM on a Thursday just makes me very sad.

As sad as it made me see people around her be completely indifferent. I bet they’re used to scenes like these; I wasn’t. Who can we blame for this? All of our previous governments? The politicians? The military forces? All of us?

I took another ‘subte’ today, and there was a lady selling some hair bands. She did as bad as the poor girl with the yellow flip flops did last week, but at least something unexpected happened: an elderly lady said to her I hope you sell a lot today!”.

I’d like to believe there’s still hope. But it’s hard sometimes…
 

 
ArgentinaPasó hace una semana, cuando iba con mi hermano Martín en el ‘subte’ (como le dicen en Buenos Aires al metro). Cuando nos acercábamos a la estación Diagonal Norte, una niñita comenzó a pasar entre la gente repartiendo estampitas religiosas.

La miré y se me encogió el corazón: tendría cinco, tal vez seis años, lo mismo que mi hija Florencia. Su cabello era un desastre, y si bien su ropa parecía estar en aceptables condiciones, su cara y sus piernas estaban increíblemente sucias. Pero lo más intrigante eran las sandalias (‘ojotas’) de un color amarillo bien fuerte que tenía: estaban inmaculadas. No quise ni imaginarme cómo eso podría haber sido posible.

Pasaron unos minutos, y la nena comenzó a caminar de nuevo, esta vez juntando las estampitas; no pude que hubiese vendido alguna. Peor aún, no pude encontrar a nadie que estuviera siquiera mirando a la pobre nena. Yo no me podía mover ni decir nada, de tantas cosas que me daban vueltas en la cabeza: “Debiera darle plata? Pero cómo puedo saber que va a ir para ella, debe haber alguien escondido en algún lado que se la va a sacar toda! Y si la invito a comer algo? La gente va a pensar que soy un pervertido? Qué hago?

De más está decir que perdí tanto tiempo que la nena se fue antes de que yo pudiera reaccionar. Y eso me dejó casi con lágrimas en los ojos; me había olvidado ya de que Argentina es ese país especial: es uno de los países más ricos del mundo, pero los nenes se siguen muriendo de hambre. La idea de que una nena de cinco años tenga que hacer esto para subsistir a las 9:00 PM de un jueves me pone realmente muy triste.

Casi tan triste como me puso ver que la gente a su alrededor era completamente indiferente a la escena. Tal vez ya estén acostumbrados a historias como ésta; yo no lo estaba. A quién le podemos echar la culpa de esto? Los gobiernos actuales y anteriores? Los políticos? Los militares? Todos nosotros?

Hoy me tomé otro ‘subte’, y había una señora vendiendo lazos para el pelo. Le fue tan mal como a la pobre nena de las ojotas amarillas, pero al menos algo inesperado ocurrió: una señora mayor le dijo Te deseo que vendas mucho hoy!).

Quisiera creer que aún hay esperanza. Pero se hace difícil a veces…
 

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9 comments:

  1. Ay Gabriel!
    Es realmente triste, ese tipo de situaciones es comun en Argentina y debe serlo en otros países igual.
    Muchos nenes son tan chiquitos y andan en la calle que uno no puede dejar de pensar en cómo pasan su niñez de esa manera y se te parte el corazón.

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  2. Es un tema un tanto complicado para los que no lo viven todos los días. Pero uno ve como lo que recaudan estos chicos va a parar a los bolsillos de gente que anda por allí monitoreandolos. Quizás muchos de ellos no consigan trabajo, pero muchos también encuentran más fácil mandar a los chicos y sentarse a esperar que le llegue algo de plata todos los días. He visto niños que vinieron a pedir comida a mi casa, se la dimos y cuando llegaron a la esquina se la entregaron a una señora que procedió a comérsela compartiendo una mínima porción con ellos.
    Toda esta introducción para que no se malentienda (aunque tampoco puedo generalizar) la supuesta indiferencia que se aprecia.
    Personalmente, si me piden que les compre comida, les compro. Pero si me piden plata no les doy. No se si está bien o no. Pero ya vi demasiados mayores explotando chicos.
    Si me preguntan que hago para mejorar esta situación la respuesta va a ser 'nada', y no me gusta.

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  3. Coincidire, con JorMig again.
    Esta bien que hace ya 15 años que no vivo en Baires, pero viajo 2 o 3 veces por año y no ha cambiado en esas cosas, mucho mas alla que lo que era hace 15 años.
    Alguna vez a algun pibe que pedia le ofreci comprarle un sandwich de milanesa o algo similar, nunca plata.
    A veces me lo aceptaban, pero la mayoria de las veces... no.
    Porque?, Simple, por que es tal cual lo cuenta JorMig.
    O se lo come otro, o lo (perdon por el termino, pero en este caso es valido) "cagan a pedos" (o a palos, a veces) por no traer la cuota diaria.
    Los menores explotados en Baires son muchos yo diria que casi todos los que ves mendigando.
    Las señoras con chicos, sentadas en la puerta de las iglesias, o en la calle, con un cartel de ("nesesito" comida para mis "ijos" -errores sic-) son en su gran mayoria recaudadoras de tipos que no necesitan guita, que despues les tiran dos mangos.
    Y juntan MUCHA guita, aunque te parezca que no.
    Seguramente con los años la gente se ha curado de espanto, o no quiere mostrar que tiene plata encima (o donde la tiene guardada), y por eso da menos.
    Pero que no se te encoja el corazon porque no junto plata, si no como bien decis, por la situacion de indigencia que se ve en la Argentina.
    Como dice JorMig al final, no contesto esa pregunta porque no me gusta la respuesta. No porque no haga nada, si no porque lo que hago o puedo hacer es muy poco.
    Tampoco creo que Jormig haga "nada", solamente que tambien el debe considerar que es muy poco y por eso pueda ser considerado "nada".

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  4. Hola Gabriel, lamentablemente esto es lo que pasa en Argentina. Los que viajamos a diario en el subte vemos esta situación (y no es sólo en el subte). En un viaje de 30 minutos (de Congreso de Tucumán hasta Catedral) en la línea D podés llegar a ver más de 20 personas vendiendo todo tipo de cosas, la mayoría son chicos. Es feo saber que los padres los mandan y luego los esperan en las estaciones, pero es peor saber que hay quienes les "ALQUILAN" a sus hijos para mandarlos a pedir o vender en los medios de transporte. En mi caso, no es que esté acostumbrada, cada chico o cada abuelo que veo pidiendo o vendiendo me genera una angustia terrible. Me pasa como a vos, me imagino que tienen las edades de mis sobrinos o mis abuelos y se me estruja el corazón. Supongo que este tema, fuera de los gobiernos de m.... que venimos teniendo, es un problema en general de latinoamérica. Y también es verdad que los argentinos somos unidos para algunas cosas y egoístas para otras. Aveces hacemos de cuenta que no vemos.
    Saludos!

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  5. JorMig, Mike, Romi, muchas gracias por sus comentarios. Los entiendo perfectamente, y sé muy bien cómo es la situación de esos nenitos (tal vez no me expliqué bien en mi post). Sé bien que los explotan, sé bien que todo va a parar a algún adulto inescrupuloso y estoy muy al tanto de todas estas mafias.

    Pero... sigue siendo una nenita de 5 ó 6 años lo que ví. Me la imagino a Florencia en esa situación y me siguen dando ganas de llorar...

    Y mejor que ni les cuente cuántas veces escuché decir en estos seis días que estuve en BsAs que "a estos negros hay que matarlos a todos" o "hay que bombardear todas las villas" como únicas propuestas para mejorar la situación del país... :-(

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  6. Es una pena este tipo de situaciones en Latinoamerica. Pasa que de tan comun que es lastimosamente uno se acostumbra a la escena y forma casi parte del paisaje, de alli la indiferencia de la gente...

    Pero para aquellos a quienes si nos importa es insoportable, tanto que queremos salir corriendo para otro lado donde no tengamos que verlas. No hay modo de solucionar esto lastimosamente y da igual si uno da o no dinero o alimentos, la situacion seguira asi hasta que la mendicidad deje de ser un negocio rentable...

    Saludos desde Paraguay

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  7. Ay Gabriel, me hiciste correr una lágrima. Todas las veces que me he cruzado con este tipo de situaciones le he dado aunque sea una monedita, no me importa a quien iba, sólo se que a mi esa moneda no me significaba lo mismo que para ellos. Con esto no habro un juicio de valores ni mucho menos, de lo que se debe o no hacer, yo hago lo que me dice mi corazón, no lo cuestiono y entiendo a los que piensan diferente. Pero no me puedo acostumbrar a esta imagen de la pobreza, simplemente no puedo. He visto tanta pobreza, tanta falta de ilusión en esos niños, que no conocen de juegos, de caricias, de niñez...

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  8. es algo que en buenos aires vemos y vivimos todos los días
    pobreza y hambre
    en los ojos de la niñez

    beso

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  9. Like you, I felt very uneasy. It's a very sad life for these kids.

    We used to buy them a Coke, which they enjoyed. A very small thing but at least it went to them, not whoever could be behind.

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