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Wednesday, October 21, 2009

Silly Monkey Stories #69 – Water balloons



Canada Year 1982 – Gabriel (15) and Freddy (16)

I know… we’re probably past the age limit for this to be a true “Silly Monkey” story, but I think it still deserves to be told. Plus, our reaction was childish… at best.

It was summer in Necochea, my home town, and we were in the middle of February. This is normally the time where Carnival is celebrated, and boy were we! There are very different ways Carnival is celebrated in my home country: in the Northeast, for example, the celebrations are quite similar to what you have probably seen coming from Brazil, with the parades, the extravagant costumes, the girls with little to no clothes on and the lots of dancing. Buenos Aires used to have parades as well, and lots of spontaneous (and not so) get-togethers in which people would wear costumes and dance. Those dances were called ‘corsos’ and though there’s some sort of a revival going on lately, it’s nothing like it used to be in the ‘50s, ‘60s and even the early ‘70s.

In Necochea, as far as I remember, the celebrations were almost exclusively limited to the throwing of water balloons from one sidewalk to the other. The entire neighbourhood would engage in a small war, with projectiles flying and hitting unsuspecting pedestrians at any time.

Since my hometown is by the sea, you can imagine that something similar would happen at the beach, especially if you consider the fact that we had access to lots of water in there.

But no. It was far worse… It was very difficult to fill a water balloon using the sea water: you would have to collect the water on a small plastic bottle, and then put the balloon and push, hoping that it would not come off or burst. For that reason, most of us would bring the water balloons already filled from home. But how to bring them? All in a bucket, of course. We would fill the bucket with water and keep the balloons in there… that until somebody decided to use the bucket to get other people wet!

If the ‘celebrations’ on the street looked like mini-wars, Carnival at the beach had epic proportions. Entire families were chasing each other carrying those big buckets full of salt water, and you better pray you didn’t forget what day it was and wore a bikini, if you know what I mean.

This particular day, me and my brother Guillermo were with our childhood friends Freddy and Ricky (they’re brothers too). Armed with a bucket per person, we decided to ambush some of our friends, three sisters who were sitting by their tent, which was adjacent to us. Ricky and Guillermo went in first, imagining they would try to run away. They would send them straight to where me and Freddy were waiting, just around the ‘corner’.

To their surprise, the girls didn’t see them come, so they actually got to soak them right where they were sitting. They were surprised, but laughed, as they were expecting something like this to happen. The two guys sitting right next to them, though, weren’t that amused.

Even though that had barely gotten wet (a few drops, really), one of them got up (he was huge) and started to yell at Ricky. Our friend apologized to him very politely, as usual, but got a hand coming to his face as a reply. My brother, incredulous, asked the guy:

- What is wrong with you? Can’t you see he’s apologizing? You didn’t even get wet!!!

The response? PAF!!! Another slap for my brother. The smaller guy, perhaps encouraged by his friend’s actions, got up and slap my brother as well!

Me and Freddy were still looking from the other row of tents, unable to believe our eyes. As things were definitely going South there, I looked at my friend and said:

- Freddy, things are definitely bad here. We know what we have to do, right?
- Right, he said.

We dumped our buckets in the sand and left as casually (and fast) as we could! :-)


ArgentinaAño 1982 – Gabriel (15) y Freddy (16)

Ya sé… estamos bastante por encima de la edad límite como para que esta sea una verdadera historia del grupo “Silly Monkey”, pero creo que de todos modos merece ser contada. Además, nuestra reacción fue infantil… y eso siendo generosos.

Era verano en Necochea, mi ciudad natal, y estábamos en el medio de Febrero. Esta es la época en que normalmente se celebra el Carnaval, y nosotros lo festejábamos en forma! Hay distintas maneras en que el Carnaval se festeja en Argentina: en el Noreste, por ejemplo, las costumbres son bastante similares a las de Brasil, con los grandes desfiles, los disfraces extravagantes, las chicas con poca ropa (o nada), y con mucha música y baile. Buenos Aires supo tener desfiles también, y muchas reuniones espontáneas (y no) en la que la gente se disfrazaba y bailaba. Estos bailes eran llamados ‘corsos’ y si bien hay una especie de ‘revival’ últimamente, no se acercan para nada a lo que supo ser en los ‘50s, ‘60s y hasta principios de los ‘70s.

En Necochea, hasta donde puedo recordar, las celebraciones se limitaban casi exclusivamente a arrojar bombitas de agua de una vereda a la otra. Todos los chicos del vecindario se enfrascaban en estas pequeñas batallas campales, en la que los proyectiles volaban para impactar en desprevenidos peatones a cualquier hora. Como mi ciudad natal queda sobre el mar, se podría asumir que una costumbre similar se seguía en la playa, sobre todo teniendo en cuenta que allí teníamos acceso a toda el agua que quisiéramos.

Pero no. Era mucho peor… Se hacía muy difícil llenar las bombitas usando el agua del mar: uno tenía que llenar una botella de plástico y luego ponerle un globo en el pico, para llenarlo apretando la botella y rogando que no se saliera o peor aún, explotara. Por ese motivo, la mayoría optábamos por traer los globos de agua (‘bombuchas’) ya llenos desde casa. Pero cómo transportarlos? Todos dentro de un balde (cubeta), por supuesto. Llenábamos el balde con agua y manteníamos los globos allí… todo esto hasta que a alguno se le ocurrió usar el balde para mojar a los demás!

Si las ‘celebraciones’ en la calle parecían pequeñas guerras, el Carnaval en la playa tenía connotaciones épicas. Familias enteras se perseguían unos a otros armados de esos baldes enormes llenos de agua salada, y las chicas rogaban no haberse olvidado de la fecha y haber llevado una bikini, no sé si me explico…

Este día en particular, mi hermano Guillermo y yo estábamos con nuestros amigos de la infancia (y también hermanos) Ricky y Freddy. Armados con un balde por persona, decidimos emboscar a unas amigas nuestras, tres hermanas cuya carpa era adyacente a la de mi familia. Ricky y Guillermo fueron primeros, con la expectativa de que ellas los iban a ver y se iban a dar a la fuga. Ellos las conducirían en dirección a donde Freddy y yo estábamos escondidos, justo a la vuelta de la ‘esquina’.

Para su sorpresa, las chicas no los vieron venir, así que lograron empaparlas en el mismo lugar en que se encontraban. Ellas fueron tomadas por sorpresa, pero rieron con ganas, porque sabían que esto iba a pasar en algún momento. Los que no estuvieron nada divertidos fueron los dos tipejos que estaban sentados en la carpa de al lado.

A pesar de que apenas si habían sido mojados (salpicados por unas gotas, a lo sumo), uno de ellos (inmenso) se levantó y comenzó a gritarle a Ricky. Nuestro amigo se disculpó de manera muy educada, como era su costumbre, pero recibió un sopapo en plana cara como respuesta. Mi hermano, incrédulo, increpó al sujeto:

- Pero qué hace, hombre? No se da cuenta de que le está pidiendo disculpas? Y Usted ni siquiera está mojado!!!

La respuesta? PAF!!! Otra cachetada, esta vez para mi hermano. El tipo más chiquito, tal vez envalentonado por semejante despliegue de coraje de parte de su amigo, se levantó y le dio otra cachetada a mi hermano!

Freddy y yo seguíamos mirando desde la otra fila de carpas, sin poder creer lo que veían nuestros ojos. Como las cosas definitivamente estaban empeorando, lo miré serio y le dije:

- Freddy, las cosas se están poniendo feas aquí. Sabés lo que tenemos que hacer, no?
- Sí, dijo.

Volcamos los baldes en la arena y emprendimos la retirada lo más casualmente (y rápido) que pudimos! :-)

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3 comments:

  1. That was not the ending I was expecting. :P

    I'm glad to hear everything is ultimately okay with your son. I knew something was wrong when I didn't see a story from you. You still managed to keep your perfect record. :)

    ReplyDelete
  2. La verdad es que yo siempre odié los carnavales. No quería ni siquiera ir a la playa. Las bombitas de agua dolian horrores y no te dejaban en paz!!!

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  3. It's highly coincidental that you chose to write about this today because just this afternoon, Daniel's stepdad was explaining to me about the corsos in Necochea! He said that back in the day they used to be quite fun. Too bad there's nothing like that anymore. :(

    Great story, Gabriel! See you soon. ;)

    ReplyDelete

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