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Friday, August 24, 2012

Spread your wings

(En español más abajo)
 
 
CanadaI have no idea of how has this happened, but Santi is 17 now. In fact, he’s been 17 for a few months, and one of the things his new age brought was a brand new, extremely costly (for us) driver’s license.
 
I don’t know how in the world he passed the test, because to be honest he didn’t practice much (with me gone so often, he could only rely on her mom’s busy schedule), but he did. Of course, he being a teenager, he immediately assumed he now knows everything known to man about driving and he’s probably mad he hasn’t been offered the ‘super-license’ so he can compete in Formula 1 already. But to his surprise, he found a very responsible and concerned parent who would give a lot of thought to every request to take the car and carefully measure the risks before authorizing or denying them.
 
Which is why he would come to me instead.
 
To his surprise, it was his mother who gave him his first break, because he sent him out to get the water bottles refilled just two or three days after having gotten that little laminated thing that keeps reminding us he’s an adult now, and we’re older than dirt. He happily left, proclaiming that he would never have any issues running errands for us; me and Gaby waited in agony, sitting in the dining room with both our Blackberries in front of us, waiting for a green led (oh, yes, the same colours I used for them here in my blog, I use them on my Blackberry to know who’s texting me, I’m like that) that would allow us to breathe again. The whole experience was successful, of course, but when he came back he found two parents who had aged 10 years in the 20 minutes he had been gone.
 
He is certainly enjoying this newly found freedom, and we’re trying our best to trust him and let him use the car a little more every day. He’s taking driving lessons right now, not because he ‘needs’ them, but because the insurance will go down 50% once he passes, so he’s getting more practice. As he is about to enter his last year of high school and get ready for the university, it looks like Santi is getting ready to spread his wings and fly. I don’t think he’s going to land very far away from here, but in the meantime I think we should be getting used to the idea that soon there will be three adults in the house.
 
Last night, Santi asked if he could drive all the way over to his friend Michael’s, on the other end of town. To his surprise, the answer was ‘yes’. He was even more surprised when we told him that he could not only go pick up his friend from work at 10 PM, he could also stay overnight, with the car. And imagine his face today when I called him to ask him if he could go pick up Juan from school at noon, because I was caught up at work and wasn’t going to be able to. He did, happily, and texted me when he arrived at school first and then again when the two of them got back at Santi’s friend. They have just arrived home.
 
I think I’m enjoying this phase, because all I have to do to change Santi’s mood is to jiggle the keys in front of him and he’ll smile. Come to think of it, I used to do that fifteen years ago as well! :-)
 
 
Argentina
No sé bien cómo pasó esto, pero Santi ya cumplió 17 años. Es más, ya lleva unos meses con esa edad, y una de las cosas que eso trajo fue una flamante y muy costosa (para nosotros) licencia de conductor.
 
Quién sabe cómo fue que pasó el test de manejo, porque para ser honesto no practicó mucho (conmigo siempre de viaje, sólo podía valerse de los huecos en la apretada agenda de su madre), pero lo hizo. Por supuesto, como es un adolescente, inmediatamente asumió que ya sabe todo lo que la humanidad puede saber sobre el tema y a esta altura tal vez hasta esté enojado porque todavía no le han ofrecido la ‘super-licencia’ para competir en la Formula 1. Pensó que nosotros le daríamos el auto 24/7. Para su sorpresa, se encontró con una persona muy responsable y preocupada que se toma todo el tiempo para pensar y analizar cada pedido, midiendo cuidadosamente los riesgos antes de autorizar o denegarlo.
 
Es por eso que en su lugar me pregunta a mí.
 
Para su sorpresa, fue su madre la que le dio la primera chance, porque lo mandó a rellenar los botellones de agua un par de días después de haber obtenido esa cosita laminada que sigue recordándonos que él es un adulto y nosotros somos más viejos que la injusticia. Se fue contento como perro con dos colas, proclamando que él nunca tendía problemas en hacernos los mandados; Gaby y yo esperamos en agonía, sentaditos en la mesa del comedor con nuestros Blackberries enfrente, esperando la lucecita verde (ah, sí, los mismos colores que yo les asigné a ellos en mi blog, los uso en mi Blackberry para saber quién me textea, así soy de reventado) que nos permitiría volver a respirar. La experiencia fue totalmente exitosa, por supuesto, pero cuando el chico volvió se encontró con dos padres que habían envejecido 10 años en los 20 minutos que el había estado fuera.
 
Santi está disfrutando esta nueva libertad, y nosotros hacemos lo posible para confiar en él y dejarlo usar el auto un poquito más cada día. Está tomando clases de manejo, no porque las necesite, sino porque el seguro baja 50% una vez que aprueb, así que está teniendo más práctica. Mientras se prepara para iniciar su último año de escuela y ya encaminarse a la universidad, parecería que mi hijo mayor está dispuesto a desplegar sus alas y volar. No creo que aterrice muy lejos de aquí, pero mientras tanto creo que deberíamos hacernos a la idea de que pronto habrá tres adultos en la casa.
 
Anoche, Santi me preguntó si podía manejar hasta la casa de su amigo Michael, del otro lado de la ciudad. Para su sorpresa, la respuesta fue ‘sí’. Aún más sorprendido estuvo cuando le dijimos que no sólo podía pasar a buscar a su amigo por el trabajo a las 10 PM, sino que también se podía quedar –con el auto- a dormir. E imaginen su cara hoy cuando lo llamé para pedirle que por favor lo pasara a buscar a Juan por la escuela al mediodía, porque yo estaba con mucho trabajo y no iba a poder. El fue, feliz, y me envió un mensaje cuando llegó a la escuela y otro cuando los dos volvieron a la casa de su amigo. En este momento acaban de llegar a casa.
 
Creo que estoy disfrutando esta fase, porque todo lo que tengo que hacer para cambiar el humor de Santi es hacer sonar las llaves del auto frente a él y le saco una sonrisa. Ahora que lo pienso, ese método también funcionaba hace quince años!! :-)
 

 

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3 comments:

  1. Qué linda etapa :)

    Recuerdo cuando mi hermano estaba aprendiendo a manejar y le prestaban el carro, para ir de un sitio a otro se metía por la ruta más larga con más vueltas que dar, para manejar más xD Yo me mareaba de tanto andar jajaja.


    A mí en cambio me da miedo manejar :$

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  2. Ya???? Y sí, claro, ya, el tiempo pasa para todos, me encanta cómo se imaginó el NO y le dijeron que SI!!!

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  3. Just wow. I didn't realize that Santi is the same age as my youngest son, Zach. Actually, both of my boys have permits and could've had their licenses by now, but neither one ever really drives. My oldest has no desire to drive whatsoever. Zach bought a truck, but it needs a few things, so he and John need to work on it. He doesn't like driving my van very much, though, so he wants his truck to be on the road before he drives. Oh well, our insurance hasn't increased since neither one has a license yet. Sounds like you'll be enjoying having an extra driver in the house!

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