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Friday, April 09, 2010

Embarrassing moments - #19

(En español más abajo) 
 

Embarrassing moments
 
CanadaI come from a family of musicians, I've said this several times. Or to be precise, a family of singers. My father was a singer, and most of my brothers sing. Gaby sang in a choir with me and the kids are not exactly tone-deaf, even though Santi insists on refusing to do any singing.

I have always been in the choir of the schools I attended from age 5 to 18. Even before I finished my high school, I was already singing in another choir, where I met Gaby, and I'm still singing today.

I wasn't too sure if this was a true memory or not, but my cousin Patsy confirmed this to me when we met last November, as we went to school together. We used to have end-of-year concerts with my primary school, which would take place at the then very modern Auditorium in the Casino of Necochea. For whatever reason, I had been chosen to conduct the orchestra at the tender age of six; one of the pieces we were interpreting (maybe the one I was conducting) was Brahm's Hungarian Dance No. 5

I do remember how I would use to practice my 'moves' everywhere (if you don't know the music, it's a very fast paced piece). One of my impromptu practices took place in the kitchen of my grandmother's house, while we were having an afternoon snack.

There I was, moving my hands vigorously, conducting an invisible orchestra composed of kids ages 6 to 12, while my brother was watching; as I was conducting my final notes, I hit something and soon I heard a loud crash.

I had struck and destroyed two of my grandmother's beautiful coffee mugs, that were hanging from a shelf on the wall. Who knows how old those things were, I believe they were a wedding present!

I still don't understand how I got out of my grandmother's place alive.





 
 
ArgentinaVengo de una familia de músicos, lo he dicho muchas veces. Para ser más preciso, vengo de una familia de cantantes. Mi padre cantaba y la mayoría de mis hermanos cantan también. Gaby cantaba en un coro conmigo y los chicos no son exactamente desafinados, a pesar de que Santi insiste en negarse a cantar.

Siempre he estado en los coros de las escuelas a las que concurrí, desde los cinco años. Incluso antes de terminar mi escuela secundaria, yo ya estaba cantando en otro coro, donde conocí a Gaby, y aún sigo cantando hoy.

No estaba muy seguro si esto me había pasado de verdad o no, porque era muy chico, pero mi prima Patsy me lo confirmó cuando nos re-encontramos en Noviembre pasado, ya que fuimos a la escuela juntos. Solíamos tener conciertos de fin de año, que se llevaban a cabo en el entonces moderno Auditorium del Casino de Necochea. Por alguna razón que no recuerdo, me habían elegido para que yo fuera el director de esa orquesta a la tierna edad de seis años; una de las obras que íbamos a interpretar (tal vez la única que yo dirigiría) era la Danza Húngara Nro. 5 de Brahms.

Recuerdo que yo practicaba mis habilidades de director donde fuera (si no conocen la obra, tiene un ritmo bastante veloz). Una de estas prácticas improvisadas se llevó a cabo en la cocina de la casa de mi abuela, mientras tomábamos la merienda.

Allí estaba, batiendo mis manos vigorosamente, mientras conducía una orquesta invisible de niños de 6 a 12 años, bajo la atenta mirada de mi hermano; cuando estaba finalizando la obra, sentí que golpeaba algo y luego escuché un estruendo.

Le había pegado un manotazo a dos de las bellas tazas de la colección de mi abuela, que colgaban de una repisa en la pared. Quién sabe cuántos años tenían esas tazas, creo que habían sido un regalo de bodas!

Todavía no me explico cómo fue que salí con vida de lo de mi abuela ese día.

 
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