| Dear Gabriel and Gabriela and great-grandchildren: I write this letter with deep sadness due to the death of our beloved Abuela. Still, we feel a lot of relief because she was suffering; God determined this. I still cannot believe it but (…) I am comforted and feel better now. Well, I hope that you (are all) well, which is always my biggest hope. I had already written you, but the letter came back because the address was incorrect. I send kisses to everybody. Your Grandfather |
| Queridos Gabriel y Gabriela y bisnietos: Con gran pesar les escribo estas líneas por la muerte de nuestra querida Abuela. De todos modos tenemos gran alivio porque ella sufría y Dios quiso así. Yo todavía no lo puedo creer pero ahora tengo más alivio y me siento mejor. Bueno, espero que todos ustedes (estén) bien que son mis mayores deseos. Yo te había escrito antes, pero la carta vino de vuelta porque le puse mal la dirección. Bueno, un beso para todos. El Abuelo |
Friday, October 14, 2016
Letters from Pepe - #01
Monday, March 28, 2011
La quinta de Pepe (Pepe’s farm)
| La quinta del abuelo Pepe Una vez que se jubiló, el abuelo Pepe se compró una quinta de siete hectáreas no muy lejos de la entrada a Quequén, a unos veinte minutos de viaje desde casa. Todos los días, llueva o truene, Pepe se iba para la quinta y se pasaba el día entero allí. Y por supuesto, nosotros lo acompañábamos. No mentiría si dijera que de todos los nietos, yo era el que iba más seguido, junto con mi primo Cristian. A mí la quinta me encantaba, y más de un verano pasé más tiempo allí que en la playa. El lugar contaba con una casa vieja y muy desvencijada, que ni luz tenía. Si bien había sido construida en 1927, uno esperaba que estuviera en mejor estado. Había una habitación en la planta baja que ni piso tenía; el resto oscilaba entre el descuido y la decadencia. Sin embargo, como dije, a mí me encantaba. Y más de una vez me quedé a dormir, con falta de luz eléctrica y todo. No me daba nada de miedo. Bueno, un poquito. A la casa se entraba por la cocina, como era casi tradicional en las construcciones de esa data. En ella, dominaba la escena una enorme ‘cocina económica’, que funcionaba a leña. En realidad la cocina tenía doble propósito, ya que el fuego no sólo calentaba la comida sino que calentaba un caño de agua que pasaba por allí dentro, proveyendo a la casa de agua caliente. Completaba la decoración de la cocina una mesa de madera y un aparador en el que nunca faltaban yerba, azúcar y harina para las tortas fritas o los buñuelos. Caminando por un pasillo (que tenía una entrada para lo que alguna vez habría sido un lavadero), se llegaba al comedor. Esta era una habitación muy grande, que estaba casi completamente ocupada por una mesa de madera gigantesca. No era raro encontrar a 10 ó 15 personas sentadas a su alrededor, jugando partidos gigantes de chinchón (un juego de cartas). A veces, sólo a veces, me dejaban jugar a mí, lo que me provocaba tanto orgullo como si hubiera ganado el Premio Nobel de fútbol. Había otra puerta de entrada al comedor, y por allí se iba a la única habitación que había en la planta baja, en la que por lo general dormíamos cuando nos quedábamos a pasar la noche con Pepe. A la derecha, estaba la enorme escalera de madera que conducía arriba. Mas allá, un baño (en desuso) y la habitación sin piso de la que había hablado. Completaba el área una puerta doble, pesadísima, que se abría para dar paso a un patio cubierto, que a su vez daba al exterior. Arriba había cuatro habitaciones más, y el baño, que tenía una bañera con la ducha más grande que yo haya visto en mi vida. Por suerte, la baja presión del agua hacía el baño llevadero, porque yo siempre me imaginé que si el agua saliera con la fuerza con que lo hace aquí, nos haría agujeros en la piel! Afuera, había un enorme parque con muchos árboles (la mayoría pinos y eucaliptos). Justo en frente de la casa, había dos enormes troncos de pino cortados de manera tal que funcionaban como mesa. Más atrás, un espacio abierto en el que con Pepe y mi primo Cristian habíamos armado una cancha de fútbol, con arcos y todo. Hacia la izquierda, un espacio grande también, que conducía hacia un tanque de agua (tipo australiano) en donde estaba el molino, con un motor que bombeaba el agua para proveer a la casa. Muchas veces nos bañamos en el tanque, aunque por lo general estaba muy sucio. Alguna vez el tanque tuvo renacuajos y hasta mojarritas. Con Cristian –y a veces Martín- las pescábamos, aunque nunca entendimos cómo habían hecho para llegar allí. Entre el tanque australiano y la casa, había otra construcción que incluía un garage, algunas piezas (que serían para los peones, pero que casi nunca fueron usadas mientras nosotros estuvimos allí) y una especie de depósito atrás, que tenía un par de sierras para madera, las que nosotros utilizábamos para jugar a la carnicería. Allí también estaba la parrilla en donde hacíamos los asados. Del otro lado, había una cancha de bochas; y alrededor, varios lugares en los que mi primo y yo nos empeñábamos en plantar todo tipo de verduras y hortalizas, las que cultivábamos con resultado dispar. Saliendo a la derecha de la casa, había un camino que conducía hacia un chalet de mucho menor tamaño, que por lo general habitaba alguna persona contratada por el abuelo para administrar la quinta. Esta casa también estaba un poco ‘venida abajo’ y con el tiempo también terminó teniendo el mismo problema que la casa grande: un par de habitaciones sin piso. Nunca entendí a qué se debió eso. Junto a la casa, había un gallinero bastante grande; y de allí partía un camino que comunicaba a la quinta con la otra parte de esa enorme ‘manzana de campo’, en la que funcionaba la empresa “Sur-Lac”, que era la compañía productora de leche que Necochea tenía por entonces. Más atrás, estaba la zona en donde sembrábamos (papa, maíz, sorgo, trigo, alfalfa, entre otros que recuerdo) y al final, casi sobre la calle por la que entrábamos, el chiquero donde ‘vivían’ los chanchos. La rutina era siempre muy similar: Nos levantábamos tempranito (con los gallos) y desayunábamos con mate de leche o chocolate Toddy (también nos gustaba uno que se llamaba ‘Nutri Super Hijitus’). El abuelo salía a hacer sus tareas y nosotros lo acompañábamos empujando unos carros hechos con ejes de una carreta que había sido desarmada tiempo atrás. A la altura del gallinero nuestros caminos se separaban: Pepe seguía para el lado del chiquero y nosotros doblábamos hacia la derecha y nos íbamos hasta la Sur-Lac a comprar leche y a veces yogurt (el yogurt de frutilla de Sur-Lac era espectacular!). De ahí nos íbamos de nuevo para la casa, y luego a nuestro refugio, debajo de dos pinos enormes. Allí habíamos alambrado y teníamos nuestras cosas a resguardo de las vacas y otros bichos. Hacíamos un fueguito en un pozo que tapábamos con una chapa, y poníamos la pava encima, para tomar unos mates. Para acompañar la mateada, tirábamos unos choclos encima de la chapa caliente, y le volcábamos un poquito de azúcar encima. El maíz se acaramelaba y lo teníamos que comer con mucho cuidado, porque nos podíamos quemar toda la boca. Ese maíz con azúcar quemada era espantoso, pero lo comíamos siempre. Promediando la mañana, nos íbamos a juntar huevos al gallinero, y de ahí a la casa a preparar el almuerzo, que por lo general era siempre lo mismo: puchero. Pero no un puchero con todas las verduras, sino uno simplísimo, que se basaba en las (pocas) cosas que teníamos en la quinta. Por lo general, consistía apenas de papa, choclo y caracú, que comprábamos camino a la quinta. A eso le agregábamos el pan (galleta de trincha) que comprábamos en la panadería “La Sureñita”, que también quedaba cerca de la quinta. El menú podría parecer repetitivo y simplón, pero la verdad es que a mí me encantaba. Es el día de hoy que mi comida favorita sigue siendo el puré hecho con papa hervida, choclo y caracú, regado con manteca o –todavía mejor- aceite de oliva. Yum! La tarde la pasábamos ya sea jugando de nuevo bajo los pinos, o atendiendo nuestros cultivos. Era muy gracioso que yo cultivara tantas verduras y hortalizas, porque la verdad es que no me gustaba casi ninguna. Sin embargo, era una actividad que me gustaba mucho. A veces, el abuelo nos pedía que le diéramos una mano con sus tareas, y allí íbamos, más contentos que perro con dos colas. Nos gustaba tanto sentirnos útiles que hasta alimentar a los chanchos era motivo de orgullo! A la tardecita nos empezábamos a preparar para volver a casa. La peor tarea del día era juntar todo el lío que habíamos hecho, pero había que hacerlo. Guardábamos los pesadísimos carros que ‘manejábamos’ debajo de los pinos, las herramientas que habíamos usado en nuestra huerta dentro del garage, y traíamos la pava y el mate de nuevo para adentro. Cuando ya nos preparábamos para subirnos al Falcon blanco de Pepe, lo veíamos pasar al abuelo, yendo de nuevo para el lado de los chiqueros. Vaya a saber de qué se habrá acordado, pensábamos. Era evidente que por suerte nos íbamos a quedar un rato más, así que nos bajábamos del auto y salíamos corriendo a alcanzarlo, mientras yo le gritaba: - Abueeelooo!!! Espérameeeeee!!! --------------------------------- Seguí yendo a la quinta de Pepe regularmente por muchos años, hasta que el abuelo, dándose cuenta de que ya no podía mantenerla, y muy a su pesar la vendió. Yo ya tenía como veinte años, y a pesar de que entendía perfectamente por qué Pepe la vendía, no pude evitar sentirme muy triste. Volví a pasar varias veces por allí, la última hace unos ocho años. La quinta lucía completamente distinta. La casa había sido refaccionada y pintada, y ahora tenía electricidad. Los pinos y eucaliptos que estaban a la entrada, habían sido talados. No pude ver el chalet chico y hasta pensé que tal vez lo habrían tirado abajo. La quinta entera lucía muy ‘urbanizada’, sin parecerse en nada a aquel lugar que yo quise tanto. Hasta la Sur-Lac había desaparecido. Me propuse no volver a pasar por allí, y si tenía que hacerlo, no mirar hacia ese lado. Prefiero que la quinta quede en mi memoria como era durante todos esos años en que tanto la disfruté. Pero… me distraje escribiendo -para qué mentirles, soñando- y ya me parece que Pepe se está a punto de ir para casa. Discúlpenme, chicos, los voy a tener que dejar. - Abueeelooo!!! Espérameeeeee!!! |
Monday, February 21, 2011
The valet stand
But besides these minor things, I have never been too ambitious about having or possessing a lot of stuff. Not only I have always been happy with what I have, but I have also learned to value all of them, knowing how hard me and Gaby had to work to get them.
There are exceptions, of course. One of them is a valet stand that my grandfather Pepe had. It was a beautiful piece of work that I have admired (and wanted to have) my entire life. Pepe had it right by his side of the bed, though he would rarely use it. Dark and shiny, it would stand there waiting for anybody to put a jacket or a shirt on its 'shoulders'. I loved playing with it, or just looking at it very closely, looking for any imperfections or a spot where the varnish was coming off a little. That valet stand had some kind of a magic effect on me.
There was another item that attracted me in a similar way, and that was a very ancient set of Mah-jongg pieces made with ivory that my grandmother Haydeé had. It turned out that it was my mother's, so she has it now. But the valet stand was a different thing... I liked the idea of having one so much that I once bought one here in Canada, at a yard sale, for $3.00. It was a little weak and it had wheels (sacrilege!) , but I was getting close.
Once my grandparents left this world, the grandchildren were asked if we were interested in any of their possessions, as a way to remember them. I was already living in Canada, so it looked very impractical for me to ask for anything and then have to put my brothers through the obligation of having to send things to me, so I said nothing. It wasn't necessary either, as pretty much everyone knew what I would love to have...
I was sent some 'treasures' anyway, same as the rest of the seven grandchildren: hand-made Christmas decorations (my grandmother was great at that), a little booklet containing the rules for the game of Poker (Haydeé was famous for having the rules for pretty much every card game known to mankind, and they were at hand in case of any controversies), and a few more little things that -as I have said- I treasure. I was very happy, because I honestly wasn't expecting anything. The same happened when my father died; Cristina (my stepmom), gave me some things that I wasn't sure about accepting, because I would prefer my two younger brothers (her children) to keep everything. I already had the best memories of my father, especially from that wonderful month and a half that both of them had spent at home in 2005, so I never thought of having any mementos. Cristina insisted, so I brought home a few things, including a wooden plate with our family stamp and a picture he always had in the garage, near the barbecue.
When Santi travelled to Argentina a couple of years ago, for my brother Paco's wedding, he was very much into learning how to play guitar. I was very surprised when I saw him arriving at the airport with my father's guitar in hand! Now that's a treasure, which is on a pedestal in my living room (you might have seen it in some of my pictures), as a testament of the passion that my father, uncle, cousins, brothers and I have for music. I still can't believe it, it's like having a little piece of my old man with me every time I play that guitar and sing one of those songs he loved so much.
But I was still being set up for the biggest surprise. A few months later, Gaby and the kids went to Washington for my niece Natalia's graduation and they came back with a big package, that my brother had given to my mother for her to bring from one of her trips to Argentina.
It was, of course, Pepe's valet stand. I would lie if I said I wasn't moved when I opened the package and assembled it with Gaby. It looked exactly like I remembered it, and once we cleaned it with Gaby, it looked like new again. It's right beside my bed, so it keeps me company every night. It's one of the last things I see before I fall asleep, and one of the first my eyes lay on in the morning. Unlike Pepe, though, I do make sure that 'my' valet stand always has a shirt or a polo resting on its shoulders.
I wonder if my kids, knowing how I am about possessions, suspect that there's nothing in the world I cherish more than that valet stand.
Pero fuera de esas cosas menores, nunca tuve muchas ambiciones que digamos con respecto a las posesiones. No solo me he conformado con lo que tengo, sino que además he aprendido a valorar cada una de las cosas que tenemos, sabiendo lo que nos ha costado a Gaby y a mí conseguirlas.
Pero hay excepciones, claro. Una de ellas es el perchero valet de mi abuelo Pepe. Es algo que he admirado y he querido tener toda la vida. Mi abuelo lo tenía al lado de su cama, y rara vez lo usaba. De color oscuro, permanecía erguido como esperando que alguien le posara una camisa o un saco en sus 'hombros'. A mí me encantaba jugar con él, o como mínimo estudiarlo con detenimiento, buscando alguna imperfección o lugar en que estuviera despintándose.
Algo similar me ocurría con un muy antiguo juego de Mahjongg con piezas de marfil que tenía mi abuela, pero resultó que era propiedad de mi madre, así que todavía está en su poder. Pero el perchero valet de Pepe era otra cosa... Me gustaba tanto que una vez aquí en Canadá me ocupé de conseguirme uno, aunque era uno medio endeble que compré por $3.00 en una venta de garage.
Cuando mis abuelos ya no estuvieron más entre nosotros, se nos preguntó a los nietos si estábamos interesados en tener algún recuerdo de ellos. Yo ya vivía en Canadá, y me parecía muy impráctico pedir algo y después poner a alguno de mis hermanos en el compromiso de tener que enviarme las cosas hasta aquí, así que no dije nada. No hacía falta tampoco, porque era bien sabido qué cosa hubiera querido tener... Me enviaron algunos tesoros de todos modos, que los siete nietos recibimos: adornos de Navidad hechos a mano por mi abuela, un reglamento de Poker (mi abuela era famosa por tener los reglamentos de prácticamente cuanto juego de naipes existiera, y estaban muy a mano en caso de que hubiera controversia), y algunas cositas más que aún atesoro. Yo, chocho de la vida, porque no esperaba nada. Lo mismo sucedió cuando murió mi padre. Cristina, su esposa, me regaló algunas cosas que yo dudé en aceptar, porque prefería que mis dos hermanos menores (hijos de ella) se quedaran con todo. Yo tenía los mejores recuerdos, en especial de ese mes y medio que ellos habían pasado en casa sólo un año antes, nunca pensé que precisara nada más. Pero Cristina insistió y así fue que me traje algunas cosillas, entre ellas un cuadro que mi padre tenía en su garage y un plato de madera con el sello de la familia.
Cuando Santi viajó a Argentina hace dos años para el casamiento de mi hermano Paco, estaba en pleno entusiasmo por aprender a tocar la guitarra. Grande fue mi sorpresa cuando lo vi llegar con la guitarra de mi viejo a cuestas! Un verdadero tesoro, que permanece en un pedestal en el living de mi casa (uds. la habrán visto en algunas fotos) como testimonio de la pasión de mi padre, tíos, primos y hermanos por la música. No podía creerlo, tengo una parte de mi viejo conmigo cada vez que rasgueo alguna de las canciones que a él tanto le gustaban.
Pero faltaban la sorpresa más grande. Al poco tiempo, mi esposa y chicos fueron a Washington para la graduación de mi sobrina Natalia y volvieron con un voluminoso paquete, que mi hermano le había dado a mi madre para que se trajera de Argentina.
Era, por supuesto, el perchero valet de mi abuelo. Mentiría si dijera que no me emocioné cuando abrí el paquete y junto con Gaby lo volvimos a ensamblar. Estaba tal y como lo recordaba, y una vez que le pegamos una repasadita con Gaby, quedó como nuevo. Se instaló al lado de mi cama, y ahí está, haciéndome compañía todas las noches. Es una de las últimas cosas que veo al dormirme y una de las primeras sobre las que se posan mis ojos en la mañana. Eso sí, a diferencia de mi abuelo, yo lo hago trabajar, y siempre me aseguro de que tenga una remera o una camisa en sus hombros.
Me pregunto si mis hijos, conociéndome y sabiendo cómo soy con las cosas materiales, sabrán que ese perchero valet es mi posesión más preciada.
Monday, January 18, 2010
The Hurricane
Tuesday, February 26, 2008
WW#11 - Soccer stars
My grandfather Pepe, in 1932
The roster of Sportivo Necochea.Pepe is the second from the left (standing); my great uncle Tito Roqués is the second from the right (kneeling).

Pepe is standing, third from the left; Tito is kneeling, also third from the left.
Monday, December 17, 2007
Bloggers unite in acts of kindness
I am not too sure I like to talk about nice things that I have done, but I will still go for it. I will mention a nice thing I have done long ago, and another one that is very recent. Then I will see what can I do today, and I will post about it at the end of the day.=====================================
An act of kindness from... 25 years ago
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This one I won't forget about. For whatever reason, me and my brother decided to go to a retirement home in our native Necochea, and played and sang for the elderly residents there for a couple of hours. I don't think there was anybody there that we knew, and I don't even remember which songs we played, though I assume they were mostly old songs like the ones my father used to sing.
The conditions in which we saw the retirement home were terrible. Some things we observed were hard to believe. For example, they had a couple of coffins in an internal patio, they were being dried by exposing them to the sun. When I asked, they told me that they were 'previously used' coffins that were waiting for their new owners...Anyway, we had a great afternoon playing for those very nice people and their joy and kind words for us was more than what we could have hoped for. We left with a mixed sensation, though, because we just could not believe the conditions they were living in after having worked their whole lives, but that's unfortunately common in my home country.
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An act of kindness from... a month ago
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Again this involves me going to sing to a retirement home, this time with my church choir. One of our fellow choristers, a wonderful gentleman -and minister emeritus- named Harold, lives there with his wife, and he was celebrating his birthday (89), his wife's birthday and their wedding anniversary (I think it was 65) on that same week. I was very busy that day, but still I went to the retirement home (which was at the opposite end of the town) with the best of the predispositions, because Harold deserves that and much more.
Of course, we had a wonderful time with the people there, and the only reason why I didn't stay longer with them was that some people were carpooling with me. I had always felt that Harold reminded me a lot of my grandfather Pepe, so in a way I felt I was celebrating with him. This happened to be the evening before Pepe's passing...
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So there you go, two little examples of nice things I've done in the past. I have a few others, like when I travelled to the north of Argentina to help fix a school that was at 4,000 metres above the sea level, or when I participated -along with many of my co-workers- of the "Operation Christmas Child" here in KW.
Go out there, and do something nice today. Help somebody, make a donation, pay a compliment, anything. But more importantly, try to do something nice every day.
Friday, November 30, 2007
My mother talks about Pepe
It's all in Spanish, of course, but I will try to translate it into English later today.
So here you go, my first guest columnist ever ended being my own mother!
Está en español, por supuesto, pero trataré de traducirlo al inglés más tarde.
Ahí tienen, mi primer columnista invitado terminó siendo mi propia madre!
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Te quiero contar algunas de las anécdotas de la visitas de mi Papá -tu abuelo- Pepe, que recuerdo al menos una en cada domicilio al que nos mudamos en Bs.As., para que se entienda por qué me preocupaba por sus inesperadas visitas a casa. El abuelo siempre estaba pendiente de cualquier amigo que viajara para venir de co-piloto en una "escapadita a Bs. As.". Me acuerdo que lo llamaban entre otros sus amigos Aprea, Buck, Caraffo, Ignacio, todos amigotes de la famosa mesa de los once de los lunes.
Voy a empezar en mi primer domicilio en Necochea, el venía todos los días a traernos la leche recién ordeñada de las vacas de la quinta para los chicos. Yo me acuerdo que no sabía qué hacer con tantos litros porque a lo último y cuando salió la leche en cartones ninguno de mis hijos la quería tomar y la repartía a todos los vecinos. Cuando nos mudamos a Buenos Aires en 1978, y para el nacimiento de Paco, ahí fuimos a vivir a Cerrito y Santa Fe, y me acuerdo que vino a visitarnos aprovechando el viaje del escribano Lopez, que era bastante impuntual y lo tuvo al abuelo todo un día esperándolo que lo pasara a buscar, mirando desde el balcón de mi departamento. Se imaginan, yo recién llegada a Baires y parturienta, no conocía las calles y el abuelo me hacía los mandados y tardaba más de lo prudente, lo que me intranquilizaba bastante ya que yo no podía acompañarlo.
Cuando nos mudamos a Callao y Cangallo me acuerdo que Paco tenía 6 añitos e iba al Colegio La Salle de Ayacucho y Tucumán y el abuelo se ofreció a llevarlo en el Colectivo 60, nunca llegaron a bajarse en la esquina del colegio, sino que siguieron viaje hasta el Tigre y regresaron al medio día, sin clase y Paco feliz por el paseo. Luego nos mudamos a Acassuso a 3 cuadras de la Av.Libertador, yo viajaba todos los días en tren a Capital a trabajar y el abuelo paseaba por la zona; una tarde cuando volví lo encontre con su cara y pierna todo magullado. Había cruzado la Av. Libertador y lo había atropellado un auto, nunca nos enteramos bien cómo fue. Despues vino mi separación y me fui a vivir sola con los chicos al departamento de Tagle, y por supuesto con menos tiempo para atenderlo porque trabajaba todo el día visitando y preparando los trabajos para mis clientes de imprenta, con lo que mantenía los gastos de mi familia.
El abuelo venía más seguido porque se "prendía"" en todos los viajes ofrecidos y también en bus y era invitado a todas las festicholas y reuniones que tenía en el Automovil Club (que era enfrente de casa) y se cruzaba esa calle de vuelta "peligrosamente" comido y bebido con alegría. Y tambien realizaba largos paseos por los alrededores con tardanzas que me preocupaban. Me acuerdo que una tarde sus amigos, los hermanos Campanella, lo invitaron a La Robla de Montevideo y Viamonte a encontrarse para una "picadita". Yo me acuerdo que lo llevé pero me preocupaba mucho su vuelta. Pero el disfrutó muchísimo esta vivienda tan cerca de su querido ACA.
Luego me mudé a Scalabrini Ortiz a un departamento más chico e interno, que entonces era muy aburrido para él. Y ya tenía mas edad y me preocupaba mucho más. Entonces le encargaba que me cocinara, pero siempre se le ocurría algo para salir al kiosko (como maquinitas de afeitar) y cuando cruzaba la calle yo temblaba porque se iba al supermercado Disco o al mercado Norte y paseaba por las góndolas de curioso no más; yo temía que lo observaran como "persona peligrosa de llevarse algo" porque era muy curioso y preguntón.
Estas son algunas de las anécdotas que recuerdo y por eso lo de que "me preocupaban todas las visitas sin aviso porque sentía que no le podía dedicar el tiempo que yo quería darle a mi Papá". En ese tiempo trabajaba muy duro, eran tiempos difíciles para mí...
Con amor, Memi (mamá de Gabriel, hija de Pepe)
Monday, November 26, 2007
Pepe
He played soccer professionally in his youth, being part of teams like Huracan and Sportivo Necochea. He even played a few games for our city team, and rumor has it (well, he told me) that he was at a very important game in which Necochea lost to our neighbour Balcarce 0-1 for the semifinals of a provincial tournament. According to this report, the Balcarce goal was scored by some Juan Manuel Fangio, who my grandfather defined as 'a terrible player'.
Pepe did everything: president of a bank, president of the Argentine Automobile Club (the Necochea chapter), cereal brokerage, worked for the Junta Nacional de Granos... he worked, and hard, his whole life. However, I'm sure that his favourite job was that of a father first and a grandfather later. Pepe lived for his grandchildren and it showed. I loved spending my days with him at his farm, and many times I would prefer to go there with him in the middle of the summer, rather than going to the beach with my friends. The stories of the things we used to do there with him, my brother Martin and my cousin Cristian are many, and luckily I have written many already, so I will publish them here soon. One thing we always remembered is when he left the house to go where the chicken were; I would run after him yelling "Abuelo, wait for meeee!".
Pepe liked to go out and how! He had a friend, Fernando, who had never gotten married, and one day won the lottery. He had decided to spend his money on his most precious thing, his friends, and would organize fantastic dinners at his place, every Monday night. Pepe would never miss them, and we wondered about the reasons of such a strong commitment, until one day he invided me and Martin to join him... and we realized why. The amount of food and beverages we saw there were just unbelievable. By 11PM, Pepe was still eating, while me and Martín were looking at him in awe, unable to move, so much we had eaten. It wasn't a coincidence that Gaby's brothers had nicknamed him "the hurricane" :-)Pepe also liked to travel, and many times he showed up in Buenos Aires, unannounced. My mother would get really worried: "Dad, why did you come without telling me, I can't take care of you". That wasn't a problem, Pepe would go out walking in downtown Buenos Aires as if he were in his native Tres Arroyos, and would come back with no problems. An expert at the "Six degrees of separation" game, he would meet somebody on the street and in two or three minutes find somebody they both knew personally.
One thing we enjoyed tremendously were his stories: he told us the one about the time he kept 10 cents of change when he was a kid, and his father punished him, a thousand times; the same happened with his jokes, he probably knew of five or six, that he would tell all the times, but somehow were funny every single time. My brother in law Daniel, would always ask him to tell the one about "Gregory Peck's chest" and would cry of laughter upon hearing it again.
So active he had been his entired life, he started to stay more time at home as he grew older, instead of spending 12 hours at the beach every day (until his skin color would resemble a shrimp). He was definitely old, but his mind was as agile as always and he would ask me for Gaby and the kids (in chronological order) every time we were on the phone. Even more, he would ask me about the kids in more detail, like "How's Santi doing with his soccer?". However, his body wasn't performing in the same way his mind was. Last year, he fell on the streets in one of his escapades and broke his hip. He had a painful recovery, and had to come back to the hospital more than once. Every time was the same story: doctors wouldn't give us any hope, but Pepe would be back home two days later. He was weaker every time, though.
Last night's wasn't like the previous times. Pepe passed away early this morning (just about 3 hours ago), and even though I have the consolation of knowing that he won't suffer anymore, it's going to be hard to get used to life without his presence.
What am I saying! Pepe couldn't be more present in my life...
En su juventud jugó al fútbol profesionalmente, desempeñándose en los equipos de Huracán y Sportivo Necochea. Llegó a jugar algunos partidos para el equipo de la ciudad y la leyenda cuenta -o en realidad, él me contó alguna vez- que había participado de un partido muy importante en el que Necochea había perdido con Balcarce por 1-0 en las semifinales de un torneo provincial. Según la leyenda, nuevamente, el gol balcarceño había sido marcado por un tal Juan Manuel Fangio, a quien mi abuelo había definido como 'un patadura'.
Pepe fue de todo en su vida: presidente de banco, presidente del Automóvil Club Argentino (filial Necochea), tuvo empresa de corretaje de cereales, trabajó en la Junta Nacional de Granos... trabajó, y mucho, toda su vida. Sin embargo, estoy seguro de que su 'trabajo' preferido fue el de padre primero y el de abuelo, después. Pepe vivía para sus nietos, y eso se notaba. A mí me encantaba pasarme los días con el en su quinta, y muchas veces, en pleno verano, prefería ir allí que a la playa con mis amigos. Las historias de las cosas que hacíamos allí junto con él y a veces mi hermano Martín o mi primo Cristian son muchas, y por suerte ya las tengo escritas, así que pronto las publicaré. Lo que siempre recordábamos es que cuando el salía caminando hacia donde se encontraban las gallinas y demás animales, yo salía corriendo detrás de él al grito de "Abuelo, espérameeee!".
A Pepe le gustaba salir, y cómo! Tenía un amigo, Fernando, que nunca se había casado y un día ganó la lotería. Este amigo decidió gastar su dinero en lo más preciado que tenía, sus amigos, y por lo tanto organizaba pantagruélicas cenas todos los lunes en su casa. Pepe no faltaba nunca, y sus nietos nos preguntábamos a qué se debía tanta fidelidad. Hasta que un día Pepe nos invitó a mi hermano Martín y a mí a que lo acompañáramos... y nos dimos cuenta. La cantidad de comida y bebida que vimos allí fue sencillamente impresionante. Hacia las 11 de la noche, mientras Martín y yo ya estábamos por el piso, imposibilitados de movernos, Pepe seguía comiendo. No en vano mis cuñados lo apodaron "el huracán". :-)
Pepe también disfrutaba viajar, y más de una vez se nos aparecía en Buenos Aires. Mi mamá se preocupaba: "Pero papá, cómo venís sin avisar, yo no puedo ocuparme de vos". No era problema, Pepe salía a caminar por pleno Buenos Aires como si estuviera en su Tres Arroyos natal, y volvía sin problemas. Experto en el juego "Six degrees of separation", podía encontrarse con cualquier persona en el medio de la calle y en dos o tres minutos 'sacar' una persona a quien ambos conocían.
Una cosa que disfrutábamos muchísimo era de sus historias: nos contó miles de veces la historia de cuando se quedó con los 10 centavos de vuelto y su padre lo castigó; lo mismo pasaba con los chistes, sabría cinco o seis que los repetía siempre, pero sin embargo eran graciosos cada vez que los contaba. Mi cuñado Daniel le pedía siempre que le contara el chiste del 'pechito de Gregory Peck' (Gregóry, con acento en la 'o') y se le caían las lágrimas de la risa cada vez que lo escuchaba.
Tan activo que fue toda su vida, con los años empezó a quedarse más en casa, en lugar de pasarse 12 horas por día en la playa, como acostumbraba (hasta que su color se asemejaba al de los camarones). Viejito como estaba, su mente seguía tan ágil como siempre y cada vez que llamaba me preguntaba por mi esposa y mis hijos, nombrándolos en orden cronológico. Incluso me preguntaba sobre ellos con más detalle como por ejemplo "Santi sigue jugando al futbol?". Sin embargo, su cuerpo ya no le respondía tan bien como su mente lo hacía. El año pasado, en una de sus múltiples escapadas, se cayó en la calle y se rompió la cadera. Tuvo una penosa recuperación, y más de una vez volvió al hospital. Todas las veces era la misma historia: no nos daban ninguna esperanza, pero a los dos días Pepe estaba de vuelta en casa. Cada vez más débil, eso sí.
Anoche no fue como en las veces anteriores. Pepe falleció esta mañana (hace unas tres horas), y si bien me queda el consuelo de que ya no sufre más, va a ser difícil acostumbrarme a la vida sin su presencia.
Pero qué digo, si Pepe no podría estar más presente en mi vida...




